Mientras tanto, en la sala de estar de la casa de Andrés, él se encontraba solo, sumido en un abismo de pensamientos y recuerdos con Mariana , que se desbordaban en su interior. El vaso de whisky se había convertido en su confidente, y en cada sorbo encontraba la amarga compañía de un destino que parecía haberle jugado una mala pasada. La soledad lo envolvía, y cada minuto transcurrido en ese vacío era una punzada que le recordaba la fragilidad de sus decisiones.
—No puedo creer que esto esté s