Seis meses después.
La fría noche se volvió cálida con la entrega y la pasión de los esposos.
No dejaban de recuperar el tiempo perdido, el tiempo que estuvieron separados y el tiempo que Katherina estuvo con la salud complicada por el embarazo de alto riesgo que tenía.
— Rodrigo... — Jadeaba Katherina al sentir las caricias atrevidas de su marido.
— Disfruta de lo que te hago, preciosa, me fascina escucharte gemir mi nombre.
Las horas pasaron sin darse cuenta, hasta quedar satisfechos el uno del otro.