Mientras tanto, Sofía no perdía el tiempo. Sabía que su posición era cada vez más débil, y decidió jugar su última carta: presentarse como la víctima definitiva. Fue a ver a Brith, asegurándose de lucir lo más frágil posible. Llevaba un vestido blanco sencillo, su cabello suelto y su rostro sin maquillaje, con los ojos ligeramente enrojecidos.
"Brith…" —dijo, con la voz temblorosa, cuando lo encontró en su oficina.
Brith levantó la vista, con una expresión de agotamiento."¿Qué quieres, Sofía?"