Brith estaba en su casa, sentado en el borde de una silla en su despacho. Había decidido que, sin importar lo que pasara, iría a buscar a Brihana. Pero justo cuando se levantó y caminó hacia la puerta principal, escuchó el timbre.
Cuando abrió la puerta, su corazón se detuvo. Allí estaba Brihana, de pie frente a él, con una pequeña bolsa en sus manos. Sus ojos, que alguna vez habían brillado con vida y alegría, ahora estaban apagados, llenos de tristeza y cansancio. Brith sintió un nudo en la g