Astrea respiró profundamente y de manera lenta trató de zafarse del enredo de piernas en el que estaba envuelta. No quería despertar a Kael, por alguna razón muy extraña, quería al menos unos minutos consigo misma. Lo intentó hasta que pudo alejarse un poco del gran cuerpo. Buscó rápidamente algo que ponerse encima y decidió echar observar la maravilla de la naturaleza detrás a través de la catarata.
Estaba tan absorta que no sintió cuando Kael se levantó.
—Buenos días —le saludó con voz pasto