Desde que había bajado del avión privado, Astrea tenía una sensación de que algo iba a ocurrir, y más cuando, en una siesta de treinta minutos, aquel cántico apareció en sus sueños. Sacudió la cabeza, y trató de dar una respiración profunda, tratando de calmar los latidos de su corazón.
Porque esa vez fue más claro, aunque todavía no podía ver a la persona. Escuchaba la voz de manera clara, como si la estuviera arrullando. Sentía sus caricias, pero al mismo tiempo, cuando quería extender la ma