46. ACRECENTANDO EL MALENTENDIDO
—Hay cambio de planes, nos vamos en vuelo —le digo a Sophía—. Richard, un conocido, nos prestará su jet y así eliminaremos muchas horas de viaje.
—No hay problema, comprendo que ahora hay más afán —dice, aún sentada en el mismo mueble.
—Tengo que solucionar algunas cosas, cambiar el alojamiento y eso —digo, pensando en el resto de los preparativos.
—Supongo que dejaremos la maleta en el hotel y luego partiremos directo a la clínica —dice con cautela Sophía.
—No había pensado en eso... —confieso