Despierta y como una sonámbula se levanta y camina hacia la ventana, la cual abre de golpe y se lanza sin miramientos al vacío, mirando la luna. Emprende una carrera hacia ningún lugar en específico. Con la mirada perdida corre, es como fuera ella y nadie a la vez.
Su camino es detenido por unas rejas altas, por lo que retrocede y salta hasta conseguir levitar sobre ella y aterrizar con gracia sobre el suelo del otro lado, sin darse cuenta ha pisado terreno prohibido: el de las llamadas brujas