CAPÍTULO 34

Abro los ojos despacio, la luz que entra por las ventanas es muy fuerte, por lo que me cubro el rostro con la mano. Siento la boca seca y pastosa.

—¿Amelie? —Es la voz de mi padre Blake.

Me incorporo sobre la mullida cama y lo abrazo de inmediato.

—¡Papá! —Sonrío al observar sus profundos ojos azules.

—Oh hija... ¡Qué dicha que al fin despiertas! —Mi madre Airi se acerca a mí para abrazarme también.

—Los extrañé. —Atraigo el cuerpo de ambos hacia el mío—. ¿Cómo me rescataron de esos aparatos au
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