Abro los ojos despacio, la luz que entra por las ventanas es muy fuerte, por lo que me cubro el rostro con la mano. Siento la boca seca y pastosa.
—¿Amelie? —Es la voz de mi padre Blake.
Me incorporo sobre la mullida cama y lo abrazo de inmediato.
—¡Papá! —Sonrío al observar sus profundos ojos azules.
—Oh hija... ¡Qué dicha que al fin despiertas! —Mi madre Airi se acerca a mí para abrazarme también.
—Los extrañé. —Atraigo el cuerpo de ambos hacia el mío—. ¿Cómo me rescataron de esos aparatos au