—Mi señora, un gusto verla de nuevo. —El guardia abre las altas y anchas puertas dobles.
Lo observo por un momento, creo que me agrada el señor regordete.
—Muchas gracias, Eddie. —Le sonrío levemente.
Él me mira como si yo fuera un fenómeno por saber su nombre sin él haberlo dicho. Sin embargo, me llevo una gran sorpresa al poner mis pies afuera del palacio. Me pregunto cómo es posible que los terrenos y afueras de este lugar que eran bastante áridos y con vegetación extensa, ahora estén rodead