Dante dejó su teléfono sobre el escritorio de ella a las dos y media.
Sin preámbulo. Él nunca usaba un preámbulo cuando algo necesitaba aterrizar por su cuenta. Ella lo tomó y lo leyó.
La junta se sostuvo. Dale las gracias.
Cuatro palabras. El nombre de Roman en la parte de arriba de la pantalla. Enviado hacía once minutos, lo que significaba que había llegado antes de que la confirmación oficial terminara siquiera de pasar por los canales correspondientes.
Lo leyó una vez.
Algo se movió en su