Louisa llegó un sábado sin llamar antes.
Así era como siempre llegaba. Era la amiga más antigua de Savio y lo más parecido a una tía que Sera tenía fuera de la sangre, setenta y un años y más aguda que la mayoría de las personas con la mitad de su edad. Rosa la dejó entrar y trajo té sin que se le pidiera, y para cuando Sera bajó del estudio ya estaban en la sala de estar y las buenas tazas estaban listas.
Sera escuchó su voz desde el pasillo y sintió, de la manera en que siempre lo hacía, la c