La cafetería que Camila había elegido estaba en el lado este de la ciudad.
Pequeña. Tranquila. El tipo de lugar que nunca aparecía en las listas de los mejores cafés y que tampoco lo necesitaba.
Isabella llegó primero, exactamente como había planeado.
Escogió una mesa junto a la ventana, pidió un café negro y se sentó con la espalda recta, las manos relajadas sobre el regazo y la mirada fija en la puerta.
Había ido caminando desde la mansión.
Veinte minutos atravesando la ciudad bajo el aire frí