— ¡Tú! — gritó señalándome. Tenía el rostro rojo, parecía que en cualquier momento la cabeza le estallaría.
No hice más que aferrarme a la toalla que rodeaba mi cuerpo y convertirme en un ovillo sobre el sofá.
Se acercó a mí bufando furioso como un toro, puedo jurar que hasta le salía humo por la nariz. — ¿Qué le dijiste? — preguntó con los dientes apretados. Fingí demencia y no le respondí.
El hombre perdió por completo la cabeza. Me agarró por el brazo tan fuerte que de un solo movimiento m