La hora del almuerzo llegó, el agente subió a llamar personalmente a su huésped. Nunca antes había hecho algo parecido, pero ahora lo hacía sin pensarlo demasiado.
El agente Volkov iba a tocar la puerta cuando se dió cuenta de que no estaba cerrada, la empujó despacio y entró, quizás no debería, Pero esa era su casa, y el dominante hombre estaba acostumbrado a que ninguna puerta se cerrara para él.
Su mirada revisó el lugar, él encontró a la mujer que estaba durmiendo, se acercó pasó a p