Un nuevo mundo confiable y leal.
Escuchar el nombre de su marido no le sentaba nada bien a la castaña. Ella se quedó en silencio por unos momentos, solo que no se dió cuenta de que gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.
El hombre ruso, con todo y lo frío que era, se preocupó, nunca espero que su huésped fuera a reaccionar así solo por una pregunta.
— Tranquila, no pasa nada si no quieres hablar de ese hombre, si te duele tanto no lo mencionaremos más.
El agente sacó el pañuelo de su saco y comenzó a secar el rostro