Un rival digno del Jeque Árabe.
La pregunta dejó clavada en su sitio a Monserrat, había estado tan inmersa en su pena que no había pensado en que tenía que divorciarse.
— Yo... Por supuesto, no podría seguir casada con un hombre que me engañó, más como dije, necesito un poco de tiempo, necesito fuerzas para lo que vendrá.
La mirada se le entristeció a la ojiazul, ella había pensado que su matrimonio duraría para siempre, toda la vida y después de la muerte. Alex y ella se amaban tanto, que creyó que nada los separaría,