Nadie va contra las decisiones del Jeque.
Al final los dos hombres se marcharon, pero el Jeque dejó a dos guardaespaldas para que cuidaran de su mujer, era verdad que Rusia, era bastante peligrosa, sobre todo para una mujer jóven y hermosa como lo era Monserrat.
Apenas el Jeque entregó al regordeto Rafael a sus padres, fue a su recámara para hacer una llamada.
— Alejandro, ¿Qué ha pasado con tu esposa, ella ya te perdonó?
— No he regresado a la mansión Ali, ¿Eso que es lo que te dice?
— Entiendo, por tu negro humor ella deb