Mi esposa es sagrada para mí.
El Jeque salió del exclusivo café, en cambio la mujer inglesa se quedó sentada derramando amargas lágrimas, ella no entendía porque él no podía amarla, se sabía bella, se sabía admirada por los hombres, pero la mirada de Alejandro Ali, ni siquiera se posaba en ella.
En el coche, apenas se subió, Amy le dijo que había problemas.
— !Alejandro, no puedo quitarte los ojos de encima un momento porque ya te metes en aprietos!
— ¿De que hablas? Explícate mejor.
— Habló de esto. — El asistent