El ruso ha sido abandonado.
El Jeque no era el tipo de hombre que se pudiera intimidar a la primera, ese ruso no tenía idea de con quién se estaba queriendo enfrentar.
Esa noche ninguno de los esposos pudo probar bocado, tampoco concilió el sueño, ambos pensaban en el otro, se extrañaban, se anhelaban, y se necesitaban como al mismo aire para respirar.
Por la madrugada el apuesto árabe escuchó llorar al pequeño heredero de su amigo. Sin pensarlo mucho se apresuró a ir a su habitación que quedaba cerca de la suya. E