El egipcio que le robó el alma.
El imponente Jeque ya había ordenado que tuvieran listo su avión privado, saldría a Rusia, apenas terminara unas importantes juntas que ya tenía programadas, de no tratarse de sus más importantes socios, no esperaría un minuto más, pero mientras tanto llamaría a alguien para que comenzara a buscar a su mujer.
En una enorme compañía, se encontraba el CEO Vladimir Darkok, un jóven empresario ruso que fue compañero de escuela del Jeque. Su teléfono timbró, y al ver el remitente se quedó sorpre