Dos hombres excelentes en combate.
La mirada verde penetrante del Jeque se fijó en el agente, ese ruso no lo iba detener.
— Tú no me vas a impedir ir por mi esposa.
— Dije que si ella no quería ir contigo, no te iba a permitir obligarla. Ya la viste, ya hablaste, ahora lárgate de aquí, no vas a hacerle daño de nuevo.
— Y yo te dije que si te interponías entre nosotros no me iba a contener, que iría contra ti. ¿Así que que quieres hacer? Voy a subir a su habitación de todas formas.
— Pasa sobre mi si puedes.
— Tu lo p