El dueño de su alma.
El asistente Enzo se habia en agrado de llevar al agente ruso a que lo atendieran en una exclusiva clínica, Monserrat no se había dado cuenta de la pelea porque la mansión era enorme, y ella estaba en una habitación bastante retirada de la sala de estar.
— Jefe, ¿Qué le pasó? Usted es el mejor en la agencia en defensa personal, pero ahora parece que le dieron una paliza.
El ruso solamente mal miró a su subordinado. Más al final dijo:
— El otro también resultó bastante herido, no solamen