Dos gemelos muy demandantes.
La noche había caído, el Jeque tenía todo bajo control, sus hijos estaban alimentados y dormidos, y su esposa yacía en un profundo sueño.
Una enfermera había llegado para inyectarle medicamentos por la intravenosa, pero eso no despertó a la bella madre.
— Alejandro, he traído tu cena, ¿Dónde quieres que te la sirva? — El asistente preguntó porque ya conocía lo especial que era su jefe.
— Sirvela en la sala de espera del piso, no quiero molestar el descanso de Monserrat.
— La señora A