Una mujer sin corazón.
La mirada encendida del faraón, recayó en su fiel asistente. El poderoso Anubis agachó la mirada.
— ¿Qué estas diciendo?.
— Según las leyes egipcias, no podemos echar a la faraona del palacio, ella también tiene derecho a estar aquí... A menos que ella misma decida irse.
— Ya escuchaste, ni siquiera tu fiel asistente puede obedecerte está vez, no tiene la autoridad para echarme, tengo derecho a este palacio, es a menos que yo lo decida que te puedes deshacer de mi.
— Entonces me iré y