El cachorro entrecerró los ojos porque era de los que más había quedado sucio. Lloriqueó un poco pero no dejó ir a los otros dos Lobos, rápidamente fué a tocar al segundo Alfa y lo hizo explotar en pequeños pedacitos.
El tercer Alfa soltó al rey y huyó por su vida, más sin embargo el angelito lo quiso perseguir, más había todavía muchos enemigos que podían hacerle daño.
— ¡Dante, ven aquí, ven con papá, déjalo ir! — Llamó el Alfa, entonces el lobezno volvió, se acercó a su padre y lo tocó