Derrotando a la perversa faraona.
De repente se escuchaba el gruñir de los Alfas cuando los herían, pero eran valientes, no dejaban de luchar pese al dolor que sus cuerpos estaban soportando..
(...)
— Eliza, recuerda que solo venimos un par de días a Italia, me reuniré con un importante socio, y después regresaremos a Transilvania.
— Lo sé, aprovecharé estos dos días al máximo con mi hermana, tú ve a hacer lo tuyo.
Apenas bajaron del lujoso coche, los reyes se dieron cuenta de que algo no andaba bien.
— ¡Cariño, l