Castigo horrible para la delta.
La mano del poderoso rey de los no vivos seguía atrapando las garras de la furiosa loba que intentaba asesinar a la doctora.
Los Alfas habían escuchado los gritos y habían venido a toda prisa para saber que sucedía.
Cuando Damiano vió la escena, sus verdes ojos cambiaron a un tono dorado. Su semblante estaba descompuesto, su furia era enorme.
— ¡La atacaste de nuevo aún cuando te advertí que no la tocaras! ¿E? ¡Te atreviste a desobedecer mis órdenes loba miserable!
— ¿Y qué si lo hic