El camino de regreso a Luna de Plata me pareció más largo que el de ida.
Quizá porque, cuando habíamos salido hacia la torre del este, todavía creía que encontrar respuestas significaría acercarme a un final. Un punto en el que podría mirar hacia atrás y comprender qué había ocurrido con mi familia, por qué me habían separado de mi hermano y quién había decidido que nuestras vidas eran un secreto que debía permanecer enterrado.
Ahora sabía que la verdad no era una puerta que se abría de golpe.