Denzel no se movió, y yo tampoco. Él era una estatua de músculo cálido y duro contra mi espalda, con su respiración finalmente nivelándose, pero su polla seguía siendo una presencia gruesa y cargada de pulsaciones dentro de mí.
Las puertas correderas chirriaron al abrirse a lo lejos, el sonido de Lexi regresando de la piscina, sus pasos húmedos golpeando contra la madera del pasillo.
"¿Papá? ¿Tori?", llamó su voz, amortiguada por la distancia pero acercándose.
Mi corazón hizo una danza frenétic