El olor a jarabe de maple y café caro se sentía como una agresión física a mis sentidos. Me detuve en lo alto de las escaleras, con la mano apretando la barandilla con tanta fuerza que la madera se clavaba en mi palma. Cada músculo de mis piernas gritaba, un dolor sordo y palpitante que me recordaba cada estocada brutal y territorial que Denzel había asestado contra las estanterías hacía apenas unas horas.
Llevaba la camiseta de Lexi otra vez. La misma. Aún podía sentir el peso fantasma de sus