Narrado por Mía Stiller
La pesada puerta de madera del dormitorio se abrió de golpe justo en el preciso instante en que terminé de guardar mi termo metálico en el bolso de la universidad. Kyler regresó a la habitación con el ceño ligeramente fruncido por la impaciencia y se apoyó con pesadez contra el marco. El ambiente, que apenas unos minutos antes se sentía cargado de una intimidad electrizante y cálida, se había enfriado drásticamente tras la tajante pregunta que había dejado flotando en el