Narrado por Mía Stiller
El dolor se había transformado en mi única y persistente compañía. Sentía una punzada insoportable y rítmica taladrándome la cabeza, acompañada de una sed abrasadora que me quemaba la garganta por completo. Intenté abrir los ojos en mitad de la penumbra, pero mis párpados pesaban demasiado; estaban sellados por la debilidad y el trauma. Escuchaba el mundo exterior de forma lejana, distorsionada, como si me encontrara atrapada a muchos metros bajo el agua.
—Está perdiendo