Extra #44.
Eva caminaba con la mirada perdida, esquivando las luces de los autos que pasaban a su lado.
No podía ir al hospital.
No podía entrar a esa habitación blanca, mirar a su hermano pequeño a los ojos y fingir que todo estaba bien cuando todavía sentía el olor de la morgue pegado a la piel. Sus pies, casi por instinto, la llevaron lejos de las zonas limpias de la ciudad, hasta que se detuvieron frente a un club nocturno de mala muerte.
El letrero de neón parpadeaba con un zumbido eléctrico que le t