- No vamos a cenar en tu casa, Aneliese. - Gabe fue tajante.
- ¡Por favor, Gabe! - pedí, con las manos en oración- Prometo portarme bien.
- No sabes cómo comportarte, Olivia.
- No trates a tu mujer como a una niña porque no lo es, Gabe - le reprochó Aneliese - Te espero a las siete de la tarde en mi casa para cenar.
- ¡Allí estaremos, cuñada! - aseguré, dando saltos de alegría mientras salía de la habitación para que ambos pudieran charlar a sus anchas, fuera lo que fuera lo que tuvieran que tr