Jorel me abrazó, llorando como solía hacerlo cuando era niño, y yo lo tomé en mi regazo y luego me lo quitaron. Todavía llevaba los castigos en mi mente... Y en mi alma.
Pero en ese momento fui capaz, a diferencia de Aneliese, de aceptar que nuestro padre no estaba allí y que todo lo ocurrido era fruto de nuestros recuerdos, un simple detonante que nos devolvía al pasado del que tanto nos habíamos esforzado por librarnos.
Mi hermano ciertamente tenía sus recuerdos, pero no eran nada comparados