Desde el asiento del copiloto, observé a los dos hombres frente a la casa, intentando adivinar qué estaban hablando desde allí. Mi padre tenía esa postura tranquila que conocía de memoria, mientras Sebastian hablaba con una naturalidad que consiguió sorprenderme. No pude evitar sonreír. Verlo allí, conversando con mi padre en el mismo porche donde tantas veces había pasado las tardes de mi infancia, me produjo una sensación extraña y bonita.
Mi padre soltó una carcajada por algo que Sebastian h