Las pisadas amortiguadas del médico sobre la alfombra de la habitación marcaron el inicio de la mañana. Permanecía recostada entre las sábanas, todavía débil, con el cuerpo pesado y la frente tibia por los últimos restos de la fiebre de la madrugada. El médico de confianza de la familia Laurent guardó el estetoscopio en su maletín mientras Sebastian permanecía de pie junto a la cama. Llevaba varios minutos sin apartarse de mi lado, pendiente de cada movimiento y de cualquier cambio en mi respir