Las últimas palabras de Sebastian quedaron suspendidas entre nosotros. Ya no existía distancia alguna. Antes de que pudiera asimilar lo que acababa de decir o reunir una respuesta capaz de sostener mi orgullo, acortó el escaso espacio que nos separaba y se apoderó de mis labios. El beso me robó el aliento al instante. No tuvo nada de tímido ni de calculado; fue un impulso nacido de todo lo que había reprimido hasta ese momento. No buscaba convencerme con palabras. Buscaba hacerme sentir exactam