—¿En dónde se quedaron las agallas que me mostraste hace un momento? —sentí que me levantaban del piso de un solo tirón—. ¿Este será mi reemplazo? Que decepción. De ser así, todos aquí vamos a caer con suma facilidad. Un líder de verdad no tiene tiempo de lamentarse ni mucho menos de llorar por las pruebas que se nos atraviesen en el camino. Un verdadero líder, capaz de guiar a los suyos, en lugar de echarse a la pena, maquina la forma de salvar a su amada y a todo su clan de la desgracia. Llor