Mary terminó de guardar sus pinceles de maquillaje con un suspiro exagerado, admirando su obra maestra: Isabella estaba Radiante, con un look que equilibraba elegancia y sensualidad a la perfección.
— Bueno, princesa, estás lista para volver locos a los paparazzi... y a tus dos guardaspaldas personales. —Le guiñó un ojo mientras recogía sus cosas.
Isabella se rió, ajustándose un rizo rebelde.
— No sé qué haría sin ti, Mary. En serio.
Mary se acercó, bajando la voz con picardía.
— Oh,