Marina
El sol apenas comienza a filtrarse por la pequeña ventana de mi nueva habitación cuando abro los ojos.
No sé si he dormido dos horas o tres. Tal vez ninguna. El colchón es tan duro como el infierno mismo, pero eso no es lo que me mantuvo despierta.
Fue la humillación.
La risa contenida de Salvador cuando me vio con ese uniforme ridículo, su m*****a arrogancia, su forma de hacerme sentir como si no valiera nada.
Ya viví experiencias como esta antes, y me había prometido a mi misma que no s