[CONTINUACIÓN]
—Este lugar no es un palacio como el que te mereces, pero te apuesto a que te puedo dar más que Ángel Greco o Daniel White.—
—¡No te atrevas a decir sus nombres, imbécil!
La mirada de Alan era pura maldad. Sus ojos estaban rojos y recorría con ellos todo mi cuerpo, haciéndome sentir por primera vez asquerosa, sucia.
—Intenté que fueras mía a las buenas, traté de cortejarte, de hacer todo lo posible, pero siempre estaba ese imbécil contigo…— se inclinó sobre mí en la cama y trató