DANIEL
—¡Das asco!—
Y me siento así.
Todo a mi alrededor da vueltas; no puedo ni siquiera sostenerme de pie. Me apoyo en la puerta, luego en el pasamanos de las escaleras que van al ático, y finalmente me dejo caer en el sofá de la sala, cubriendo mi rostro con el brazo.
—¡Vaya! El antiguo Daniel volvió, al parecer... No te veía tan echado al diablo desde... ¿Desde cuándo? ¡Ah, sí! Desde que Sam te dejó.
Miro mal a la señora rubia, que me reprocha con la mirada mi desastrosa apariencia. Tiene l