Andruw Di'Marco.
Me moría por partirles el cuello a Sergio y a Melissa ahí mismo, en mitad del pasillo ejecutivo. Sentía una necesidad visceral, casi primitiva, de abalanzarme sobre ellos, estampar sus rostros contra el muro de mármol y borrar de una jodida vez por todas esas malditas sonrisas de suficiencia que cargaban.
El pulso me tronaba en los oídos y el monstruo que llevaba dentro, ese que heredé de la dinastía Di'Marco y que tantas veces contenía bajo la pulcritud de mi bata blanca, arañ