Andruw Di'Marco.
El viaje hasta el Royals Diamonds fue un borrón de adrenalina pura, neumáticos derrapando y el rugido agónico de un motor que estaba dando sus últimos suspiros.
Lucius condujo como un maldito demonio evadido del mismísimo infierno, metiendo el auto deportivo por los espacios más inverosímiles, esquivando el tráfico rezagado de la tarde con una frialdad que rayaba en la psicopatía. Pero a mí no me importaba su imprudencia; cada segundo que el velocímetro marcaba al límite era un