Scarlett Valenti.
El corazón me dio un vuelco violento en el pecho, atrapado en una especie de parálisis que me impedía respirar con normalidad. Estaba congelada, flotando en una burbuja de desconcierto absoluto mientras intentaba procesar lo que acababa de ocurrir.
Mis pies no tocaban el suelo; en su lugar, me mantenía suspendida en el aire, sostenida únicamente por la firmeza de ese brazo desconocido que se sentía como una auténtica mordaza de acero a la altura de mi cintura.
El hombre con