Ciento cuarenta años después.
El año era 2146.
La Hacienda Los Olivos ya no era solo un monumento histórico. Se había convertido en una de las instituciones culturales más importantes del sur de Europa. Cada año recibía más de trescientos mil visitantes que venían a conocer la leyenda de Doña Magdalena Montalbán.
Sin embargo, algo había cambiado.
Por primera vez en ciento cuarenta años, no quedaba nadie con el apellido Montalbán de la Torre.
La última descendiente directa, Victoria Elena Montal