Magdalena no había podido dormir en toda la noche.
Las palabras de aquella carta seguían dando vueltas en su cabeza como un mal presagio. Mientras el sol comenzaba a salir, se levantó con cuidado para no despertar a Rafael y se dirigió al viejo despacho de su padre, un lugar que casi nunca visitaba.
El olor a madera vieja y polvo la recibió al abrir la puerta. Se acercó al gran escritorio de caoba y comenzó a revisar los cajones uno por uno. No sabía exactamente qué buscaba, pero sentía que all