Rafael levantó lentamente la tapa del cofre de madera. Ambos contuvieron la respiración.
Dentro no había oro ni joyas. Había papeles. Docenas de documentos cuidadosamente doblados, atados con una cinta negra. Encima de todo, una carta más reciente, escrita con la misma letra de su padre.
Magdalena la tomó con manos temblorosas y comenzó a leer en voz alta, con la voz quebrada:
“Magdalena,
Si has llegado hasta aquí, significa que eres más valiente de lo que yo jamás fui. Lo que estás a punto de